Una mentira y porque el rosa fue desterrado

Sus ojos algo extraviados tenían un lustro de sequedad, sus conductos lacrimales habían olvidado su funcion, por un lado quiza era adecuado y conveniente para ella, pues había llorado tanto que en su cara se veían los surcos por donde el agua habia corrido y su piel antes cálida y tersa se tornó transparente y gomosa. Por eso repasaba cuidadosamente el maquillaje, el delineador, las pestañas negras y rectas , el intenso azul cielo sobre los parpados, el carmin sangre sobre la boca.
Atrás habían quedado eso días lozanos y aromáticos a vainilla, por la que sentía irresistible predilección, mientras cabalgaba los hombros de su padre en juegos interminables en que su risa era un abanico de colores y sus manos mariposas que besaban el cielo. Un día sin avisarle, su padre se marchó y núnca más volvió a saber de él. Lo esperaba todos lo días en la puerta, en la ventana, en cada rincón donde habían compartido secretos, en que construyeron un mundo solo para los dos, alejados del resto de personas que por cierto se le antojaban sombras siniestras que amenazaban cortar sus manos para que así su padre no la sujetara firmemente. Los días caían como pétalos marchitos al pie de la ventana y ella los pulverizaba con su llanto ácido.
Pintaba sus ojos y se pasaba el make up por la cara, hacia esa mueca de chuparse el labio inferior para que el lapiz labial cubriese toda la extensión de su boca, el perfume era un animal pegado a su cuerpo. Todas las mañanas el rito era el mismo sus ojos secos se proyectaban en el espejo y nuevamente caía en cuenta de como era ella ahora en realidad y buscaba incesante e incansable a la niña que solía ser, no!! - que es- se repetía y daba simpaticos brincos y ponía cara de azucar hacia pucheros y diálogos interminables arrastrando las vocales y un seseo particular mientras entornaba los ojos y jalaba una mano invisible a capricho. Quiza ese rito de tornarse infantil era una necesidad que fortalecia mañana a mañana para escapar de los días y de su propio cuerpo que ella concebía como un fantasma que la amenzaba y la alejaba de su propio ser, un aguijon que le rozaba la piel, la desgarraba y la hacia diferente y tan lejana a la risa de colores con la que solía pintar cada rincón de la casa. Empezó a molestarse desde que noto que los senos se le hacian frutos maduros, desde que su cadera de ensanchaba y un fuego quedito le bañaba el vientre, los muslos, y se escurría en un suspiro que tenía tintes naranjas y perlados.
Atrás habían quedado eso días lozanos y aromáticos a vainilla, por la que sentía irresistible predilección, mientras cabalgaba los hombros de su padre en juegos interminables en que su risa era un abanico de colores y sus manos mariposas que besaban el cielo. Un día sin avisarle, su padre se marchó y núnca más volvió a saber de él. Lo esperaba todos lo días en la puerta, en la ventana, en cada rincón donde habían compartido secretos, en que construyeron un mundo solo para los dos, alejados del resto de personas que por cierto se le antojaban sombras siniestras que amenazaban cortar sus manos para que así su padre no la sujetara firmemente. Los días caían como pétalos marchitos al pie de la ventana y ella los pulverizaba con su llanto ácido.
Pintaba sus ojos y se pasaba el make up por la cara, hacia esa mueca de chuparse el labio inferior para que el lapiz labial cubriese toda la extensión de su boca, el perfume era un animal pegado a su cuerpo. Todas las mañanas el rito era el mismo sus ojos secos se proyectaban en el espejo y nuevamente caía en cuenta de como era ella ahora en realidad y buscaba incesante e incansable a la niña que solía ser, no!! - que es- se repetía y daba simpaticos brincos y ponía cara de azucar hacia pucheros y diálogos interminables arrastrando las vocales y un seseo particular mientras entornaba los ojos y jalaba una mano invisible a capricho. Quiza ese rito de tornarse infantil era una necesidad que fortalecia mañana a mañana para escapar de los días y de su propio cuerpo que ella concebía como un fantasma que la amenzaba y la alejaba de su propio ser, un aguijon que le rozaba la piel, la desgarraba y la hacia diferente y tan lejana a la risa de colores con la que solía pintar cada rincón de la casa. Empezó a molestarse desde que noto que los senos se le hacian frutos maduros, desde que su cadera de ensanchaba y un fuego quedito le bañaba el vientre, los muslos, y se escurría en un suspiro que tenía tintes naranjas y perlados.
Había canalizado su tristeza por la partida paterna en una serie de argumentos entre los cuales disfrazaba la soledad y el abandono que sentía, a pesar de tener a su madre con ella y que nunca la descuidó, refugiándose en un mundo cohabitado de momentos y recuerdos imperecederos que eran luces que le señalaban el camino y le daban calidez como unas manos suspendidas sobre su cabeza. Jugaba a crecer, pues no aceptaba el hecho como tal, y el uso del sosten por ejemplo, era solo una astucia una picardía que la enrojecia y avergonzaba. Había visto a su madre cubrir el rostro para tapar su llanto tantas veces que descubrió que envejecía observando sus manos y como se hacían cada vez mas arrugadas y machadas como alas de mariposa muerta. Pero al mismo tiempo tras el llanto se esmeraba en cubrir cualquier vestigio de pena y decoraba su rostro de colores vivos y su boca era una luna menguante a la espera del retorno deseado.
Ella observó esta rutina tantas veces que perdió la cuenta y era habitual y parte del aire que respiraba; además, su madre le decía que recibió noticias del padre y que estaba haciendo trabajos en lugares lejanos pero que retornaría pronto a ellas y cuanto más empeño ponía en su maquillaje para eclipsar el llanto, nuevas y mejores noticias le daba a ella con mas esperanzas y espectativas. Asi es que ella empezó a relacionar, como una cábala, que mientras mas se esmeraba su madre en arreglarse, por alguna razón el padre daba mas noticias, aunque eso porsupuesto era solo una mentira piadosa por parte de la madre. Asi que empezó a contribuir silenciosamente y aprendió el arte de maquillarse con cuidado, descubriendo la posibilidad de los colores y de como ellos podrían fingir mejor su estado de animo y cuales los tonos mas adecuados para expresar con mas intensidad emociones diversas y asi ahuyentar a la pena que era agorera y negra como boca de lobo. Descubrió que si pintaba sus labios de rojo intenso, los ojos de azul cielo y se hacia un moño de peinado, la madre le venía con la noticias de un correo electrónico y breves lineas sobre el estado del padre; por otro lado cuando se pintaba la boca y cejas de negro, delineaba sus ojos con un verde tenue y se alasiaba el pelo, su madre le contaba que el padre había llamado y le enviaba besos y cariños; todo lo contrario sucedía cuando pintaba su boca de rosa, revolvía sus pestañas, sus parpados soportaban un blanco hueso y se hacía trenzas en el pelo, esas veces, no recibía ninguna noticia ni una brizna de nada. Entonces deshechó para siempre el rosa, el blanco hueso y no volvió a revolver sus pestañas ni a hacerse trenzas. Ahora se mira al espejo y cubre sus ojos con las manos como hacia su madre y puede ver que son dos alas de mariposa muerta llena de pliegues, manchas blancuzcas y uñas quebradas, y, se da cuenta que ha envejecido, que no ha dejado de esperar que en sus cabellos plateados y escasos no hizo núnca mas una trenza y tiene el labio superior rojo, el inferior negro, los parpados azul cielo, los ojos delineados de verde y las cejas negrisimas. Pero aun así algó no esta bien pues desde la muerte de su madre extrañamente, no recibió mas noticias del padre a pesar que ella no dejo de pintarse y maquillarse y pasear por la calle para que así todo el mundo la viera y la cábala no se rompiese.